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En el universo de la saga Alien, los humanos se enfrentan a una forma de vida cuyo único fin es reproducirse. Los xenomorfos, criaturas inteligentes pero primitivas, instrumentalizan el cuerpo humano, transformándolo en huésped y medio de incubación. En su ciclo reproductivo, la gestación se convierte en un acto de violencia: el cuerpo —sin distinción de sexo o identidad de género— es invadido, fecundado y devorado desde dentro. Esta dinámica simbólica, donde la vida se perpetúa a través de la explotación del cuerpo ajeno, nos remite a estructuras históricas de poder que han colonizado la naturaleza y los cuerpos gestantes bajo la promesa de la ciencia, el progreso o la supervivencia.
A lo largo de la historia, las mujeres hemos estado ligadas simbólicamente a la idea de naturaleza, una asociación que ha servido tanto para idealizar como para deshumanizar, muchas veces manifestándose en un imaginario cultural estrechamente vinculado con lo primitivo, lo irracional e indomesticable. No obstante, fuera de ese filtro demonizante, la relación entre la mujer y el espacio natural se puede leer desde el prisma de una necesidad de arraigo al territorio, conectando con un legado cultural ancestral de saberes de sanación y estrategias de resistencia.
Durante los tiempos de la esclavitud las mujeres negras usaban la relación entre su cuerpo y la naturaleza como una herramienta de supervivencia. Dibujaban en su cuero cabelludo complejos patrones en donde escondían mapas de escape y entrelazaban en sus trenzas semillas con las que poder asegurarse futuras fuentes de alimento. Estas acciones, más allá de su función práctica, constituyen un ejemplo de cómo el cuerpo se convierte en un espacio de resistencia y memoria, capaz de desafiar las condiciones más extremas de deshumanización. Ante la realidad distópica del genocidio, sus cuerpos acababan desplegándose para fundirse con el paisaje, creando un paralelismo directo entre ellas y el espacio que habitaban para poder sobrevivir.
En Sobre un cuerpo desplegado, estas ideas se expanden hacia una exploración material y especulativa donde el cuerpo se confunde entre lo orgánico y lo artificial. A través de la experimentación plástica, el proyecto imagina ficciones en los que la distinción entre lo humano y lo natural se desdibuja, generando formas híbridas que parodian la idea misma de “lo natural” para dar pie a otros imaginarios del cuerpo: cuerpos desplegados que se desdibujan en su territorio, derribando los férreos cimientos de las diferencia.
Este proyecto ha recibido el apoyo del Gobierno de Canarias siendo beneficiario de la Subvención de movilidad cultural para artistas canarios 2026 del ICDC